Acceso: no es sólo una cuestión de cables

By Karen Coyle
University of California, Library Automation y
Computer Professionals for Social Responsibility (CPSR) / Berkeley Chapter
karen.coyle@ucop.edu


Esta es la transcripción de la charla de Karen Coyle "Access: Not Just Wires" dada en el Annual Meeting de Computer Professionals for Social Responsibility realizado en San Diego, California, el 8 de octubre de 1994.

Traducción libre al español por las bibliotecarias Alicia Ocaso (Email: aocaso@cefir.org.uy, URL: http://www.cefir.org.uy) y Susana Simone (Email: susana@fisica.edu.uy, URL: http://www.fisica.edu.uy) de Montevideo, Uruguay.


Tengo que admitir que la autopista de la información me tiene realmente enferma y cansada. Siento que ya escuché tanto sobre ella, ha tenido tantas idas y vueltas que realmente es como "federal vaporware"(1)

Soy bibliotecaria, y me resulta extraño haber dedicado gran parte de mi vida al cuidadoso mantenimiento de nuestra actual infraestructura de información, a nuestras bibliotecas, para simplemente levantarme una mañana y encontrar que toda la economía del país depende de cómo hacer que la información sea comercialmente viable. Esto es contradictorio porque nuestras bibliotecas son probablemente las instituciones más desfinanciadas y subvaloradas con excepción quizá de los refugios para los sin techo.

Tengo claro que la autopista de la información no tiene mucho que ver con la información en si. Se trata de encontrar una nueva base para nuestra economía. Estoy muy segura de que no me gustará la forma en que la información va a ser tratada en esa economía. Sabemos que clase de información vende y cual no. Por eso vislumbro el futuro como si fuera una mezcla entre informes económicos muy caros y versiones online muy baratas del National Inquirer. La imagen no es muy halagadora.

Este es un panel sobre "acceso". Pero no me referiré al acceso desde el punto de vista usual, como acceso físico o electrónico a la Red del Futuro. En cambio, voy a hablar acerca del acceso intelectual a los documentos y de la calidad de nuestra infraestructura de información, con el énfasis puesto en la "información". La información es un bien social y es parte de nuestra "responsabilidad social", por esa razón debemos tomar seriamente este recurso.

Desde los primeros días en que el ser humano fue una especie conciente de su propia historia, una parte de la sociedad ha tenido el rol de preservar esa historia: sacerdotes, académicos, archivistas. Se le dio valor a la información; se la valoró tanto como para negarla a algunos miembros de la sociedad, como para considerarla parte del ritual propio de una élite.

Entonces me parece particularmente asombroso que a medida que avanzamos en esta nueva "Era de la Información" enfoquemos nuestros esfuerzos hacia las máquinas que componen el sistema de información, mientras la información electrónica en si misma es considerada como si se tratara de enormes cantidades de deshechos flotantes en el mar; ésto no es una democratización de la información, sino una desvalorización de la información.

En Internet, muchas de las fuentes de información electrónica que consideramos dignas de "acceso universal" son administradas por voluntarios a tiempo parcial; por estudiantes que quizá algun día se graduen, o simplemente por aquellos que hacen de la red su hobby. Los recursos vienen y van sin ser notados, o languidecen después de un esfuerzo inicial y rápidamente se vuelven obsoletos. Son pocos los recursos de información en la red que cuentan con fondos especificos y confiables que aseguren su continuidad en el futuro. Como sistema de telecomunicaciones Internet es a la vez moderna y madura; como sistema de información Internet es una obra amateur.

Las empresas comerciales de gestión de información, por supuesto, están interesadas solamente en aquella información que brinde ganancia. Esto inmediatamente elimina toda la herencia cultural de la poesía, el teatro, el pensamiento teológico, entre otros.

Si valoramos nuestra herencia intelectual, y si verdaderamente creemos que el acceso a la información, y ese concepto aun más amplio, el conocimiento, es una meta social válida, debemos tomar nuestros recursos de información en serio. Sé positivamente que las bibliotecas no son instituciones perfectas. Tienden a ser un poco lentas y conservadoras para adoptar nuevas tecnologías; y algunas parecen más proclives a atesorar que a diseminar la información. Pero lo que llamamos "bibliotecología moderna" tiene más de un siglo de experiencia al cuidado de estos recursos de información de la sociedad. Y, en el proceso de desarrollo y gestión de ese recurso, la profesión bibliotecaria ha comprendido sus responsabilidades tanto en el contexto social como en el histórico. Teniendo en cuenta esa experiencia, les daré una corta lección sobre las responsabilidades sociales en una sociedad de la información.

Estas son algunas de las responsabilidades sociales que se tienen en relación a la información:

COLECCION

No es suficiente atesorar pasivamente cualquier información que aparezca en el camino, como una araña acechando en su tela. Recolectar información es una actividad, y es una actividad inteligente. Es importante coleccionar y guardar documentos que se apoyen, se complementen y hasta se contradigan entre sí. Una colección tiene un propósito y un contexto; dice algo acerca de la información y dice algo acerca de quien selecciona esa información. No se realiza al azar, porque la información en sí misma no es cuestión de azar, y los humanos no producen información al azar.

Demasiados lugares en Internet hoy, son una terrible mezcolanza, con poco propósito intelectual en la organización de sus archivos. No es sorprendente que los que visitan estos lugares tengan gran dificultad para encontrar el valor de la información que allí se guarda. Los sistemas comerciales, por otro lado, no tienen incentivo para suministrar un balance intelectual que podría "desorientar" al usuario.

En todos los múltiples artículos que han surgido de la discusión de la National Information Infrastructure, es interesante destacar que no hay ninguna mención a la recolección de información: no hay Biblioteca del Congreso o Archivo Nacional del mundo de la información electrónica. De modo que en el esquema global elaborado nadie es responsable de la recolección de información.

SELECCION

No toda la información es igual. Esto quiere decir que alguna debe ser desechada, aunque inevitablemente hay algunos desperdicios en el mundo de la información. Y lo que digo no es en apoyo a la censura. Pero hay una diferencia entre un documento sobre Física Nuclear escrito por un Premio Nobel y un diorama de física exhibido en una feria de ciencia realizado por un niño de 8 años. Y hay una diferencia entre la version alpha .03 y una beta 1.2 de un paquete de software. Si no podemos diferenciar entre estas cosas, nuestro futuro intelectual realmente aparece oscuro.

Ciertas fuentes son conocidas por su confiabilidad general, su oportunidad, etc. Debemos hacer estos juicios porque la cantidad de información es demasido vasta como para que utilicemos nuestro tiempo en trabajos menores cuando aun no hemos salido al encuentro de los que son realmente importantes.

Esta clase de selección es necesario realizarla comprendiendo cada disciplina y comprendiendo a los usuarios de esa disciplina. El proceso de selección se superpone con nuestro concepto de educación, porque dirige a los miembros de nuestra sociedad a un cuerpo particular del conocimiento que fue elegido por nosotros como clave para la comprension del mundo.

PRESERVACION

¿Cuánto de lo que hoy está en la Red existirá bajo cualquier formato dentro de diez años? Y ¿podremos cuantificar lo que perdemos si sistemáticamente no preservamos las cosas? Si no podemos preservarlas todas, aunque más no sea en una copia archivada en un lugar seguro ¿tomaremos decisiones acerca de la preservación, o la dejaremos librada a una especie de Darwinismo de la información? Por lo que sabemos, hay información cuyo verdadero valor no se conoce inmediatamente, y algunas ideas ganan valor con el transcurso del tiempo.

El mundo comercial, por supuesto, preservará solamente aquello que venda mejor.

ORGANIZACION

Esta es un área en la que la Red actual tiene algunos de sus problemas más visibles, ya que todos hemos luchado con millares de menúes de gopher, asientos de ftp y páginas web buscando algo que sabemos que esta allí pero que no podemos encontrar.

No hay una organización ideal de la información, pero no tener organización tampoco es ideal. La organización que hoy existe en términos de herramientas de búsqueda es un intento de imponer orden en un cuerpo desorganizado. La mente humana en su comportamiento de búsqueda de información plantea una pregunta mucho más compleja que la que puede responderse con una búsqueda por palabras claves en un universo de información desorganizado. Cuando estabamos limitados a catálogos de fichas y a colocar fisicamente items en los estantes, esencialmente teníamos que elegir una única manera de organizar nuestra información. Los sistemas de computación deberían permitirnos crear múltiples esquemas de organización para la misma información, desde una clasificación tradicional que descansa en jerarquías y categorías, a esquemas facetados, rankings de relevancia y retroalimentación, etc.

Desafortunadamente, los documentos no se definen a si mismos. La idea de hacer búsquedas por palabras claves tipo Wais en el vasto almacen de documentos textuales que es Internet es una locura. Años de estudio de frecuencia de términos, de recurrencia y de otras técnicas estadísticas han probado que la búsqueda por palabras claves es una solución aceptable para algunas disciplinas con vocabularios altamente específicos y casi inútil en todas las demás. Y, por supuesto, el verdadero truco es juntar el vocabulario de quien busca información con el que usó el que procesó la información. La búsqueda por palabras claves no sólo no tiene en cuenta términos diferentes para el mismo concepto, sino que tampoco tiene en cuenta documentos en otros idiomas o diferentes niveles de usuarios (por ejemplo las búsquedas para niños necesariamente tendrán que ser distintas que las búsquedas hechas para adultos, y las bibliotecas realmente utilizan diferentes esquemas de acceso a temas para materiales infantiles). Y los documentos no textuales (software, gráficos, sonido) no responden para nada a la búsqueda por palabras claves.

No hay una forma mágica, sin esfuerzo, de crear una organización de la información; por lo menos hasta hoy las mejores herramientas son un esquema de clasificación definido y un indizador humano. Por lo menos, un esquema de clasificación o un esquema de indización da a quien busca, la oportunidad de desarrollar una estrategia racional de búsqueda.

No es exagerada la importancia que tienen las herramientas de organización. Todo se reduce a que si no encontramos la información que necesitamos, entonces no tiene importancia si dicha información existe o no. Si no la encontramos, no la encontramos, y entonces no hay información. Indudablemente hay millones de bytes de archivos en la red que para todo proposito práctico son inexistentes.

Mi mayor temor con respecto a la autopista de la información es que la organización intelectual y el acceso sean suministrados por el mundo comercial como un servicio de valor agregado. En ese caso los artículos existirán, y hasta a un precio razonable, pero hacer uso de las herramientas que harán posible encontrar la información que se necesita costará muy caro. Si no suministramos estas herramientas de búsqueda como parte de los recursos públicos, entonces no estamos brindando información al público.

DISEMINACION

Hay mucha charla acerca de la "biblioteca electrónica". Realmente, se ha escrito mucho sobre la biblioteca electrónica, y probablemente la mayor parte termine en papel. La mayoría de nosotros está de acuerdo en que es preferible leer en papel, y no desde una pantalla, cualquier documento que sea más extenso que una pantalla de email. Mientras esperamos que las tecnologías de las pantallas eventualmente produzcan algo que realmente sustituya al papel, sabemos que hoy esto no es posible. Entonces, que ocurre con todos esos trabajos electrónicos que estamos tan ansiosos de almacenar y poner a disposición? Pretendemos revertir la revolución industrial y volver a una industria artesanal de impresión de documentos que tenga lugar en hogares, oficinas y bibliotecas?

Muchos hablan acerca de su preocupación por la "ultima milla" -la entrega de información en cada hogar. A mí me preocupa la ultima yarda. Fácilmente podemos mover información de una computadora a otra, pero como podemos llevarla desde la computadora al ser humano en el formato adecuado? No toda la información es adecuada para uso electrónico. Piensen en los manuales para la reparación de automoviles que llevan consigo debajo del auto y se ensucian con aceite. Piensen en los libros infantiles, con sus páginas a prueba de babeadas. Hasta la Biblioteca del Congreso ha anunciado que está llevando a cabo un enorme proyecto de digitalización de cinco millones de documentos de su colección. ¿Entonces que? ¿Cómo piensan que vamos a hacer uso de esos materiales?

A veces llego a pensar que todos hemos sido atacados por alguna extraña locura. En mi fantasía rapto a todos los miembros de los comités de administración de IITF y los ato frente a pantallas de 14" con resolución realmente mala para forzarlos a leer la copia electrónica completa de Moby Dick sacada del Proyecto Gutenberg. Quizá entonces conseguiríamos que se preocuparan un poco por la última yarda.

En conclusión:


(1) Karen Coyle le dio a este primer párrafo un tono colorido y sarcástico. Dice que la autopista de la información es como "federal vaporware" porque aunque es contínuamente anunciada por el gobierno en la realidad, no existe, está hecha de humo. Volver

©Karen Coyle, 1994